💻 Software·hace 2 horas
Jaime Martínez de VelascoEl Escandallo

¿Vale la pena que el hostelero se haga su propio software?

Un jueves, en la comunidad de WhatsApp de El Escandallo, salió este tema. Y yo dije que hay software muy difícil de replicar, y puse un ejemplo: Attio, un CRM nativo en IA que la verdad es que es buenísimo. Dije que yo no tendría agallas para replicarlo con IA.

Ese mismo fin de semana me puse. Y la realidad es que hice, no sé si un CRM mejor que Attio, pero desde luego muchísimo más personalizado a lo que necesitamos en mi empresa. Hoy nuestro equipo es más proactivo, más ágil y está más enfocado gracias a él.

Con esto no digo que Attio, o un CRM, sea prescindible. Digo que todo ha cambiado tan rápido que incluso yo, que me considero un tío tecnológico, no era consciente un jueves de lo que iba a ser capaz de hacer ese sábado.

En los últimos seis meses he hablado con decenas de hosteleros que ya se están construyendo su propio software con IA. Y algunos, que es el caso que más gracia me hace, ya están pensando en paquetizarlo y venderlo. Luego vuelvo sobre eso, porque tiene miga.

La pregunta que se tiene que hacer todo el mundo es si vale la pena. El hostelero, hasta qué punto le compensa. El que hace software, qué riesgo tiene. Y aquí oigo de todo: que el SaaS se muere, que tal tipo de empresa va a desaparecer, o el clásico zapatero a tus zapatos, que el hostelero se dedique a su restaurante y deje el software a los que saben.

Yo no creo en las respuestas de blanco o negro. Hablar de "software" es como hablar de "deporte": hay muchos, y no se parecen en nada. Y lo mismo pasa con los hosteleros. Esto es una escala de grises, y depende de tres cosas.

Primero, el producto

Hay software mucho más fácil de replicar que otro. En un extremo están las herramientas sencillas, las de APPCC, los checklists o los cuadros de mando: formularios, tablas y gráficas que hoy se montan en un fin de semana. En el medio, gestión de turnos o inventario y proveedores, que parecen fáciles pero tienen mucha casuística.

Y en el otro extremo, todo lo que exige certificaciones, hardware o integraciones complejas: el TPV, la facturación con Verifactu (obligatoria desde el 1 de enero de 2027 para sociedades y el 1 de julio para autónomos), las integraciones con Glovo o Uber, los pagos. Ahí la IA te escribe el código, pero no te da la homologación.

Software de hostelería ordenado por exposición a que el hostelero se lo construya con IA: muy expuesto (APPCC, cuadros de mando, escandallos), exposición media (turnos, inventario, CRM) y poco expuesto (TPV y Verifactu, integraciones con Glovo y Uber, pagos, nóminas, ERP)

Segundo, el tamaño del operador

El restaurante pequeño no tiene un problema de software: su problema es facturar, que el producto sea bueno, sobrevivir. Las grandes cadenas, sobre todo las que tienen un fondo detrás, quieren la certeza de un proveedor establecido, y nadie les va a dejar meter en producción una app hecha en un fin de semana.

El riesgo, y la oportunidad, está en las cadenas medianas: de 5 a 50 locales, independientes, que todavía pertenecen a su dueño y donde hay libertad para hacer cosas heterodoxas.

Tercero, el perfil del fundador

Hay empresarios pragmáticos, muy enfocados en lo que se les da bien, que prefieren delegar el software en quien se dedica a ello. Y hay restauradores más analíticos, a menudo más jóvenes, que tienen buenas ideas y están disfrutando con la IA como niños. Cruza los tres ejes y tienes el mapa.

Matriz de probabilidad de que el hostelero se construya su propio software según tamaño del grupo y perfil del fundador: alta en cadenas de 5 a 50 locales con fundador tecnológico

La IA también es para los que hacen software

Algo que olvidan los hosteleros que dicen que se van a hacer todo con IA es que la IA existe para todos. También para los desarrolladores. Y esa potencia, en las manos correctas, puede llegar a soluciones mejores que las que el propio hostelero es capaz de imaginar.

Si hasta ahora lo que diferenciaba a un software era su capacidad de ejecución, ahora que ejecutar es barato para todos, lo que va a diferenciar son las ideas. La IA puede ser el punto débil de una empresa de software o lo que la catapulte, y eso depende de si detrás hay materia gris capaz de encontrar problemas que el hostelero ni sabía que tenía.

Las que sobrevivan tendrán además defensas que la IA no puede inventarse: los datos, el servicio y los onboardings de herramientas complejas con muchos locales, y las integraciones cualificadas.

El precio es un argumento temporal

Hoy el ahorro es la principal motivación de muchos hosteleros para hacerse su propio software. Es un argumento de peso, pero lo veo temporal. Y no porque el token vaya a subir, que de hecho baja a toda velocidad (Epoch AI estima caídas de entre 9 y 900 veces al año según el nivel de prestaciones), sino porque el consumo se dispara: cuanto más hace la herramienta, más tokens quema.

Súmale los planes de suscripción hoy muy generosos, el mantenimiento, los errores y las horas de quien lo cuida. El coste real de tener tu propio software se va a parecer bastante más a una cuota de SaaS de lo que parece hoy. Eso sí, la presión llega igual al proveedor, que va a tener que desarrollar más rápido con menos gente y trasladarlo al precio.

La gran ventaja es la personalización

Para mí, el mayor beneficio de la IA para el hostelero no es el precio, es la personalización, y se menosprecia muchísimo. El SaaS trabaja para miles de clientes, así que tiene que hacer un producto lo bastante homogéneo para servir a todos. Con IA, el hostelero puede hacerse algo que encaje exactamente con su operativa, y unificar en una sola herramienta lo que antes tenía repartido en cinco.

Por eso creo que la agenda del SaaS pasa necesariamente por ser mucho más integrable y personalizable, usando la propia IA para que cada cliente adapte el producto hasta niveles absurdos. Me imagino un mundo en el que dos grupos usen el mismo SaaS y no se parezca en nada el de uno al del otro.

¿Y venderle tu software a otros restaurantes?

Aquí, muy abierto a equivocarme como siempre, creo que el argumento falla. Lo que llevó a estos hosteleros a desarrollar su propio software es que encontraron un agujero en el modelo SaaS, sobre todo de precio. Si tu ventaja es que te sale más barato, veo muy difícil comercializarlo a un nivel de facturación que compense el esfuerzo comercial. Y si lo vendes al precio de un SaaS, te has convertido en otro SaaS, con su soporte, sus onboardings y sus clientes pidiendo funcionalidades.

Y luego está la personalización. Mucha gente se está haciendo software con una personalización enfermiza, pensado al milímetro para su operativa. Precisamente eso, que es su gran ventaja, es lo que impide trasladarlo a otro restaurante, ni a gran escala ni a pequeña. Lo que te hace bueno para ti es lo que te hace invendible para los demás.

Mi apuesta

En uno o dos años el SaaS no habrá muerto: seguirá dando muchísimo servicio a los hosteleros, pero muchos se habrán construido herramientas propias. Y mi recomendación es que lo hagan, sobre todo si estás en esa cadena mediana y tienes cierto gusanillo tecnológico. Es el paso natural, y además genera la presión que necesitan los proveedores para ofrecer cosas distintas, que hoy no existen y que el hostelero no se puede hacer solo.

Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez. El SaaS no va a morir, se va a transformar. Y el resultado será una hostelería con herramientas mucho más potentes y personalizadas, propias o de un SaaS que se haya sabido renovar.

Fuentes: Epoch AI e Infoautónomos.

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